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El perdón, en la misericordia de Dios

Cuando uno hace consideraciones sobre la Divina Misericordia y en la manera de vivir el mensaje, viene a la mente la necesidad de confiar en Dios y ser misericordioso con los demás. Sin embargo el perdón tambien se encuentra en el corazón del mensaje de la Divina Misericordia. Es un acto de misericordia hacia los demás y hacia uno mismo, y con frecuencia es una condición para la sanación fisíca, pero especialmente es una condición para el progreso espiritual.

Así como Dios perdona nuestros pecados, debemos perdonar las ofensas de los demás. “Y cuando pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que tambien vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas.” (Mc 11,25)

La necesidad de perdonar se hace aún más necesaria en una sociedad con tantos males como la nuestra; uno no tiene que mirar muy lejos para ver gente sufriendo los efectos devastadores del divorcio, la violencia, las adicciones, la pornografía, etc. El perdón no es una emoción, sino una decisión. Si el perdón no fuera posible, Dios no podría mandarnos perdonar.

Mucha gente evita y procura no pensar en aquellos que los han herido, y no se enfrentan con los problemas fundamentales; por ello, no pueden encontrar la sanación que desean. Otros creemos que hemos perdonado si no hablamos negativamente de alguien, aunque muy en el fondo guardamos mucho rencor reprimido. Este enojo o rencor sale a la superficie de muchas maneras y afecta nuestra relación con los demás, incluso con aquellos a quienes más queremos.

¿De qué nos sirve rezar la Coronilla a la Divina Misericordia a las tres de la tarde, y después gritar y vociferar al cónyugue enfrente de los niños a las cuatro de la tarde?

Piensa cuántas veces rezamos el Padrenuestro: “...y perdonanos nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” (Mt 6,12)

Estamos viviendo en tiempos de gran misericordia, y sin embargo no podremos recibir el derroche de la misericordia de Dios, mientras no hayamos perdonado a aquellos que nos han ofendido. “Si alguno dice: Amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (Jn 4,20)

Al negarnos a perdonar a nuestros hermanos y hermanas, el corazón se cierra, su dureza lo hace impermeable al amor misericordioso del Padre; en la confesión del propio pecado, el corazón se abre a su gracia (ver el Catecismo de la Iglesia Católica, 2840).

¿Cuántas veces nos ha perdonado Dios? Dijimos anteriormente que la imagen de la Divina Misericordia simboliza los Sacramentos del Bautismo y de la Reconciliación. El gran Sacramento de la Reconciliación no debe verse como un castigo, un regaño o flagelación, sino como un vehiculo de sanación.

Dios siempre esta ahí, listo para perdonar. ¡No hay limites para su misericordia!

Nuestro Señor le dijo a Santa Faustina: "Apóstol de Mi misericordia, proclama al mundo entero Mi misericordia insondable" (Diario, 1142)


Su misericordia es tan grande, que nunca seremos capaces de comprenderla; es como un océano que no tiene fondo. ¡Pero qué dificil es perdonar cuando alguien nos ha herido!

Santa Faustina escribió: “Quien sabe perdonar, se prepara muchas gracias de parte de Dios.

Siempre que mire la cruz, perdonaré sinceramente" (Diario, 390)

Dios me perdona a mí, ¿yo no voy a perdonar?




Autor: Bryan S.Tatcher, Apóstoles Eucarísticos de la Divina Misericordia.
Libro: La Divina Misericordia una forma de Vida.

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